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TRASTORNOS SEXUALES.

 

 

 

        El sexo es algo indisolublemente unido a la naturaleza humana y tan primitivo como ella. Pero al mismo tiempo, ha evolucionado, igual que el hombre, y se ha adaptado a la compleja realidad de la condición humana con todo su entramado biológico, psicológico, emocional y social. El sexo se convierte así en una actividad capaz de producir placer y, al mismo tiempo, de desencadenar ansiedad, de generar odio, de ser valorado como una liberación o de ser percibido como un arma represiva.

 

        La mayor parte de lo que hoy se conoce sobre la sexualidad humana se ha descubierto y publicado en el presente siglo, y aún existen puntos de vista controvertidos sobre algunos aspectos de la amplia gama de particularidades que abarca y que hace difícil una definición precisa. Puede hablarse de dos vertientes principales, una de orden biológico y otra psicosocial.

 

        La biología no solo afecta a la procreación, sino también al impulso, al deseo, la capacidad de respuesta sexual y de goce a través de ella. En cuanto al plano psicosocial, desde los primeros años de la infancia se adoptan ideas y actividades hacia el sexo determinadas por el entorno familiar y escolar, y estas varían de acuerdo al sistema de valores morales que regulan los distintos contextos sociales y las diferentes culturas, por lo que carecen de validez universal para definir unívocamente un comportamiento sexual.

 

        En la actualidad, al contrario de lo que ocurría hasta no hace muchos años, la relación sexual ya no se asocia necesariamente con la procreación, sino que se concibe como un acto de gratificación, como una fuente de placer y de comunicación psicoafectiva.

 

        Cuando existe un a dificultad más o menos permanente en experimentar alguna de las fases de la respuesta sexual o en llevar a cabo algún elemento de la conducta sexual, se habla de disfunciones sexuales. Estas pueden ser primarias o secundarias, según se presenten al inicio de la vida sexual o tras un periodo previo de buen funcionamiento, totales o parciales según afecten a la totalidad o a parte de la respuesta implicada, continuas episódicas o recurrentes, según se mantengan durante todo el tiempo, aparezcan muy aisladamente o con cierta regularidad, y globales o situacionales, según se presenten en todas las situaciones sexuales o en algunas determinadas. Las disfunciones pueden ser consecuencia de trastornos orgánicos o físicos, de ingestión de sustancias, y en la mayor parte de los casos se aducen causas psicológicas.

 

        Algunos de los trastornos más comunes son:

 

·     Deseo sexual inhibido; se da tanto en el hombre como en la mujer, se caracteriza por una falta de interés por la actividad sexual, entre sus causas pueden mencionarse los factores educacionales, el estrés, el exceso de trabajo, tratamientos farmacológicos, depresión y problemas de pareja.

·     Disfunción eréctil; es la dificultad o imposibilidad de obtener una erección suficiente como para llevar a cabo la penetración. Las causas más comunes son de carácter psicológico, en la mayoría de los casos se manifiesta con un incremento de la ansiedad y con inhibiciones sexuales así como conflictos en la relación de pareja. En raros caso la causa es de carácter orgánico, como las alteraciones en el flujo sanguíneo. En ocasiones también esta relacionada esta disfunción al uso de medicamentos que reducen la capacidad eréctil, ente otros, los hipertensores, los antidepresivos y los antipsicóticos.

·     Eyaculación precoz; es la falta de control eyaculatorio que generalmente se da en un lapso muy corto de tiempo y antes de que se pueda generar placer. Las causas suelen ser exclusivamente psicológicas. Por lo general asociadas a la no identificación de las sensaciones que preceden al orgasmo.

·     Anorgasmia; se define como la ausencia o retraso del orgasmo tras una fase de excitación previa en el contexto de una relación sexual adecuada en cuanto al tiempo, intensidad y duración. Las causas más comunes son, la presencia de alguna enfermedad, el uso de fármacos, y estados de ansiedad.

·     Dispareunia; es un coito doloroso que se puede dar tanto en el hombre como en la mujer. Las razones principales pueden ser; una extrema sensibilidad en los órganos sexuales, lesiones, falta de higiene, estrechez uretral y por componentes psicosomáticos.

·     Vaginismo; consiste en una contracción espasmódica, dolorosa e involuntaria, de la vagina que se produce ante cualquier intento de penetración y que de hecho la impide. Casi siempre aparece en mujeres jóvenes que inician sus relaciones sexuales y entre cuyos antecedentes se haya un cierto miedo a la penetración. Las causas son generalmente psicológicas.

 

        Es raro achacar a un solo factor la aparición de una disfunción; en la mayoría de los casos pueden señalarse diferentes factores que con mayor o menor importancia contribuyen al desarrollo de la disfunción.

 

        Si bien el sexo puede ser fuente de inhibiciones y frustraciones, básicamente es un comportamiento que proporciona placer. Cada pareja es un mundo y no existen normas ideales de excitación o de goce.

       

        Una de las claves para vivir una sexualidad sana y placentera y obtener la máxima satisfacción en las relaciones es la de poseer una educación sexual adecuada, y esto supone, de acuerdo con la naturaleza de las relaciones, tanto el estar informado de los métodos de anticoncepción y de prevención, como el tener, un conocimiento más o menos profundo del funcionamiento de los órganos sexuales de la persona con quien se comparte la relación y una conciencia plena de que se puede disfrutar la sexualidad de una manera madura y responsable.